Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 6 de abril de 2024

Historia de la frase en el primer cuadro de Jesús Misericordioso

 


El padre Sopocko encargó el cuadro de Jesús Misericordioso a principios de 1934 en Vilna (Vilnius, Lituania), al pintor Eugeniusz Kazimirowski. El piso del padre Sopocko y el piso de Kazimirowski junto con su estudio se encontraban en el mismo edificio. Durante seis meses Sor Faustina venía al estudio del pintor para dar indicaciones y los detalles del aspecto del cuadro. El padre Sopocko se encargó personalmente que el cuadro fuera pintado exactamente según sus indicaciones. Cuando el cuadro ya estaba listo (junio de 1934) el p. Sopocko quiso asegurarse del texto que debía acompañar a la imagen y pidió a sor Faustina que lo preguntase al Señor Jesús

 Una vez el confesor (Padre Sopocko) me preguntó cómo debía ser colocada la frase, ya que todo eso no cabía en la imagen. Contesté que rezaría y que daría la respuesta la semana siguiente. Al alejarme del confesionario, y pasando cerca del Santísimo Sacramento, recibí el entendimiento interior de cómo debía ser la frase. Jesús me recordó lo que me había dicho la primera vez, es decir,

que estas tres palabras debían ser puestas en evidencia. Las palabras son: Jesús, en Ti confío” (Diario, 327

Pinta una imagen según el modelo que ves, con la frase: Jesús, en Ti confío” (Diario, 47).


Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la frase: Jesús, en Ti confío” (Diario, 327).


martes, 16 de febrero de 2021

Beato Michal Sopocko – Reliquias Santuario de la Divina Misericordia, Lagiewniki

 


El pasado domingo 14 de febrero ,  durante la Misa del mediodía un dia antes de la memoria litúrgica de Santa Faustina y aniversario a su vez de la muerte del Beato Michal Sopocko, su  confesor,  fueron recibidas en la Basilica de la Divina Misericordia en Lagiewniki las reliquias de Bl. P. Michał Sopocko.  La Eucaristía fue presidida por el obispo Jan Zając, y la homilía estuvo a cargo del P. Mateusz Wyrobkiewicz, rector adjunto del Santuario de la Divina Misericordia en Kraków-Łagiewniki.

En la homilía del P. Mateusz Wyrobkiewicz recordó que el padre Sopocko dedico su vida a proclamar el mensaje de la misericordia aunque no pudo ver los frutos de su trabajo durante su vida pues no se permitió venerar públicamente el misterio de la misericordia de Dios.

Fue desde este Santuario que el Papa Juan Pablo II encomendó al mundo a la DivinaMisericordia.

“Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús:  de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia!

 Invito visitar mis posts en honor al padre Sopocko y recuerdo que el Beato Sopocko nació el 1 de noviembre de 1888 en Juszewszczyzna. Desde 1932, el sacerdote fue confesor de las hermanas de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Allí conoció a la hermana Faustina Kowalska, quien en mayo de 1933 lo adopto como su confesor.   Sor Faustina encontró en él a un sabio confesor que la inspiró a escribir "El Diario".

El padre Sopocko murió el 15 de febrero de 1975. Sus restos mortales se encuentran en el Santuario de la Divina Misericordia en Białystok. El 28 de septiembre de 2008, en este santuario, la solemne beatificación del P. Michał Sopocko.


viernes, 26 de octubre de 2018

La imagen de Cristo Misericordioso Salvador (3 de 3)



En octubre de 1956 el Primado Stefan Wyszyński regreso del confinamiento.  Al poco tiempo el padre Michał Sopoćko le hace llegar una fotografía del cuadro de Śleńdziński. (1) El objetivo era obtener de él o de otros ordinarios la aprobación de aquella imagen de Jesus Misericordioso y al mismo tiempo inspirar a las personas dedicadas al culto, entre ellos las hermanas, párrocos y fieles para que ellos intercedieran ante su obispo sugiriendo el permiso por el culto al cuadro.  También mando copias del cuadro según aquel modelo de la Divina Misericordia a los centros de difusión del culto que entonces existían en el exterior. En tal ocasión subrayaba que el fundamento para esa imagen era la escena evangélica de la aparición de Dios resucitado ante sus discípulos y por lo tanto representaba una imagen basada en una fuente bíblica,  libre de ser difundida independientemente de las visiones privadas de Sor Faustina.  Sus expectativas, tal como el mismo puso en evidencia, no se ralizaron sin embargo. La imagen más difundida fue realizada por  A. Hyla, la cual según su percepción no expresaba el desarrollo apropiado del culto, que además comprendía otras varias irregularidades y por eso mantuvo sus reservas al culto mismo. 
En consecuencia el empeño de de introducir y hacer popular la imagen propuesta y querida de Śleńdziński no logro los resultados esperados.   Es difícil establecer cuales fueron en realidad los motivos más importantes. Quizás la falta de respuesta por parte de las personas entregadas a difundir el culto?  El padre Sopoćko sugirió que podría ser una causa.  Otro motivo que el indicaba fue el anuncio de la notificación de la Congregación del Santo Oficio en 1959. En realidad no se prohibía de modo categórico eliminar los cuadros de la Divina Misericordia de las Iglesias y se dejaba la decisión a la discreción de los obispos.  Sin embargo parecía que esto también contribuyo a la demora en la difusión de los cuadros, sobre todo el nuevo cuadro de Śleńdziński.

En 1966 el padre Sopocko volvió a insistir sobre el tema del cuadro.  Por medio del Primado S. Wyszyński escribió una petición a la Conferencia Episcopal refiriéndose a la decisión de 1954, que había aprobado la obra de Śleńdzińnski,  y a los dos cuadros que el enviara solicitando que enviaran una copia al papa y la otra quedara en el país como modelo para pintar los cuadros de la Divina Misericordia.  Pero su solicitud tampoco fue escuchada esta vez. Quizas no hubiese llegado aun el momento para hacerlo. En la Santa Sede continuaba la proscripción y  los obispos estaban ocupados con la celebración del jubileo del cristianismo en Polonia.  Gradualmente, sin embargo, fue cambiando el clima aerca de la causa del culto y del cuadro. Finalmente los cuadros quedaron colocados en las iglesias y sucesivamente fueron apareciendo otros.

Mediante una celebración solemne fue instalado en la procatedral de Białystok un cuadro pintado por el Prof. Ludomir Śleńdziński ya en 1955, que por muchos años había estado instalado en la iglesia de los franciscanos en Cracovia. En 1973 fue entregado al padre Sopoćko. El administrador apostólico de la Arquidiócesis de Byałystok,  obispo Henryk Gulbinowicz,  permitió ponerlo en laprocatedral y venerar la Divina Misericordia en modo privado. El 3 de septiembre de 1973 el mismo obispo bendijo el cuadro y mediante una ceremonia solemne permitió colocarlo en el templo.  Para quienes veneraban la Divina Misericordia y en especial para el padre Sopoćko fue un acontecimiento extremadamente emocionante.   El cuadro fue venerado allí a partir de entonces con rezos privados a la Divina Misericordia: rosario, letanías y otras oraciones. El esfuerzo del padre Sopoćko comenzaba a rendir sus frutos. Su perseverancia y dedicación a la idea del culto de la Divina Misericordia mediante el cuadro dedicado a Jesus Misericordioso Salvador  llevaron a cabo aquello que siempre había buscado y era su fiel deseo: la difusión de la imagen en todo el mundo.  Y se ralizo el deseo de Sor Faustina: “Deseo que este cuadro sea venerado primera en nuestra capilla y después en todo el mundo.”

(traducido de EL CAMINO DE SANTIDAD del padre Michele Sopocko de Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008)


viernes, 19 de octubre de 2018

La imagen de Cristo Misericordioso Salvador (2 de 3)


(Jesus Misericordioso del artista Ludomir Śleńdziński)

Desde principios de los años ’50 cada vez había más cuadros en las iglesias.  Al mismo tiempo también aparecieron los cuadros por el culto a la Divina Misericordia pero en este caso acompañados de críticas por cuanto no se correspondían exactamente con las visiones confirmadas de Faustina. Probablemente debido a ello en el año 1953 el Episcopado Polaco llega a la decisión que estos cuadros deberían ser gradualmente sustituidos por otros. Esta decisión confirmo las preocupaciones del padre Sopoćko que opinaba que las irregularidades en las imágenes del cuadro de Jesus podrían ser obstáculo para la introducción de los cuadros del culto.  Y la acusación más fuerte procedía del hecho de querer instalar esos cuadros como basados directamente en las visiones de sor Faustina. En este contexto y para salvar el cuadro para el culto a la Divina Misericordia el padre Sopoćko escribió en 1953 una carta al Primado Stefan Wyszyński tratando de convencerlo de introducir imágenes y no eliminarlas.  Demostró que el cuadro representaba a Cristo al momento de la aparición a los Apóstoles el día de la Resurrección y de la institución del sacramento de la Penitencia. Considerando que las otras escenas de la vida de Jesus están efectivamente representadas por cuadros porque asombrarse con estas imágenes. Sucesivamente indico la convergencia del contenido del cuadro con el Evangelio del Domingo de Pascua y entonces comenzó a verse por lo menos ese domingo.    Ya en su confinamiento el Primado escribió cartas similares a los ordinarios de la diócesis en las cuales les solicitaba ordenar los cuadros y supervisar su regularidad a medida que se iban pintando.

Independientemente de aquella petición que probablemente no surtiera efecto, se llevo a cabo una acción concreta, de hecho en mayo de 1954 con el permiso del obispo F. Bard, quien ante el Foro del Episcopado había criticado la parte litúrgica y artística de los cuadros de entonces, se organizo un concurso para la realización de un nuevo cuadro que respondiera a las exigencias teológicas y artísticas que sirvieran como modelo para expresar la idea de la Divina Misericordia.  Se convoco a los pintores y organizo un jurado. El concurso fue ganado por Ludomir Śleńdziński cuyo cuadro fue seleccionado por la comisión artística y luego aprobado por la Comisión General del Episcopado;  el 4 de octubre de 1954 se emitió el veredicto de aprobación reconociendo que el cuadro podría ser admitido al culto con el permiso de un ordinario local.
La aprobación de la Comisión Episcopal le infundió coraje al padre Sopocko estimulándolo a dirigirse directamente a los obispos ordinarios para que concedieran el permiso de exponer los cuadros en las iglesias y que fueran objeto de culto los pintados por el artista Śleńdziński.  La mayoría de los obispos expreso su aprobación y el obispo de Włocławek,  A. Pawlowski reconoció la perseverancia y la dedicación apostólica del padre Sopoćko que tanto se había esforzado por vencer reservas y dificultades para llegar a obtener el cuadro de la Divina Misericordia.

(traducido de EL CAMINO DE SANTIDAD del padre Michele Sopocko de Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008)

viernes, 5 de octubre de 2018

La imagen de Cristo Misericordioso Salvador (1 de 3)



En el culto de la Divina Misericordia, la imagen de Jesus según la visión de Sor Faustina no tardo en ocupar un puesto muy importante. El Señor le pidió como su primer deseo que fuera pintada Su imagen. La insistencia revelada en las experiencias interiores que Faustina le transmite al Padre Sopoćko, llevaron al nacimiento del cuadro de Jesus Misericordioso hacia fines de 1934 en Vilna. No obstante el concepto que el cuadro hubiese sido inspirado en las visiones, el padre Sopoćko se esmero en buscar sustento para su contenido en la ciencia bíblica y teológica. Esta búsqueda habría hecho creíble la visión de Jesus tal como fuera sugerida a Sor Faustina, y lo que es más importante, habría abierto el camino para la aprobación del cuadro por parte de las autoridades eclesiásticas con motivo del culto. Por lo tanto ya en 1937 en el trabajo Idea de la Divina Misericordia en la liturgia se indicaba que el símbolo de la Divina Misericordia revelada en su máximo grado en la Redención, parecía ser el agua y la sangre que brotan del costado de Cristo atravesado por la lanza. Sugirió que el cuadro que simbolizara esta idea, seria la imagen de la Divina Misericordia podría ser representada por aquel que muestra a Cristo como si estuviese caminando. Jesus con la mano derecha bendice y con la izquierda sostiene la túnica a la altura del corazón desde donde emergen dos rayos uno blanco y uno rosa. Estos representan el agua y la sangre,  símbolos de la misericordia que se expresa en los sacramentos del bautismo y de la penitencia.
El cuadro pintado en Vilna por Kazimirowski,  en presencia de Sor Faustina, es el primer cuadro de Jesus Misericordioso que fue instalado en la Iglesia de San Miguel donde gozaba de particular veneración sobre todo durante el periodo de la guerra. Se distribuyeron miles de copias de imágenes y fotografías en muchos países. El mismo cuadro fue venerado en la Iglesia de San Miguel también después de algunos años después de la guerra hasta que las autoridades de la Republica Soviética de Lituania  cerraran la iglesia.  Por fortuna pudo recuperarse el cuadro que después de una larga y atormentada historia fue encontrado en la iglesia del Espíritu Santo en Vilna donde es venerado hasta hoy. Hacia fines de su vida el Padre Sopoćko se intereso en el destino del cuadro. Probablemente intentaba organizar un traslado secreto a Polonia,  cosa que nunca tuvo lugar.
El padre Sopoćko enseguida después de llegado a Bialystock en 1947 vio el cuadro pintado por Adolf Hyla, venerado desde 1943 en el convento de las hermanas de la Congregación de la Beata Virgen de la Misericordia en Cracovia-Lagiewniki. Al verlo se opuso a aquel modo de representar la imagen de Jesus. El cuadro de Hyla, en su percepción no correspondía fielmente a la visión de Sor Faustina. Había sido pintado tan solo en base a la descripción recogida del Diario,  sin considerar las indicaciones que la hermana transmitiera mientras se estaba pintando el primer cuadro en Vilna algo que había sido notado solamente por el padre.  La figura de Jesus estaba – según él – exageradamente expuesta, revelando un cierto “feminismo”. La mano derecha estaba demasiado elevada, indicando acción y no calma. Los rasgos demasiado evidentes, expresaban en modo excesivo la materialidad. El rostro de Jesus fue definido por el como “penetrante”.
Basándose en las indicaciones de Sor Faustina el padre Sopoćko sostenía que el cuadro debería haber tenido un fondo  oscuro. La figura de Jesus con la túnica blanca debería ser sencilla, en el acto de caminar pero como si se detuviese por un momento, con el pie algo más adelante. La mano no debería estar elevada tan alto,  el rostro debería estar algo inclinado expresando la Misericordia, en cambio los rayos, que emergen de la túnica ligeramente sostenida a la altura del corazón, debían ser como transparentes pero iluminando adecuadamente la figura de Jesus y el espacio delante de Él, no dirigidos hacia el y tampoco hacia la tierra.
Después del cuadro de Hyla, siempre en los años 40 se pintaron otras imágenes de Jesus, tanto en el país como en el extranjero. El padre Sopoćko también expreso sus reservas en cuanto a éstos..  Por este motivo, hacia fines de los años 40 se ordeno a los dos pintores de los cuadros que respetaran la justa idea de la Divina Misericordia retrotrayéndose a las indicaciones fieles de sor Faustina.

(traducido de EL CAMINO DE SANTIDAD del padre Michele Sopoćko de Henryk Ciereszko – Librería Editrice Vaticana, 2008



viernes, 5 de mayo de 2017

Breve historia del inicio de la devoción a la Divina Misericordia (4 de 4)


Los esfuerzos del padre Sopoćko aunque parecieran sin sentido – iban pasando los años y la tan esperada aprobación del culto por parte de las autoridades eclesiásticas no aparecía – continuaban motivándolo para seguir cumpliendo su rol.  Mientras tanto el culto a la Divina Misericordia se difundía cada vez más entre los fieles. En 1965 se inició el proceso de beatificación de sor Faustina. Paralelamente,  los teólogos comenzaron a interesarse por la Divina Misericordia. Por los años ´60 y ’70 se organizaron importantes conferencias dedicadas a esta verdad por todo el país.

Todo ello agregaba entusiasmo al espíritu del padre Sopoćko,  por más que  – debido a su edad – fuesen flaqueando sus fuerzas físicas. Fiel a su misión vital,  se dedicó hasta el fin de sus días con todas sus fuerzas a la causa asumiendo iniciativas adicionales en los años ’70 a pesar de su edad avanzada. En 1971 presentó a los obispos un trabajo titulado: El Espíritu de la liturgia del II Domingo de Pascua, donde demostraba, que en el Nuevo Misal romano, todas las partes variables de la Santa Misa del II Domingo de Pascua invitaban a la veneración de Dios en su Misericordia, que abraza a los fieles con los sacramentos pero ante todo con el sacramento de la penitencia.  Al año siguiente el padre Sopoćko  se dirige al Cardenal Wyszyński con la solicitud de instituir en Polonia la Fiesta de la Divina Misericordia el II Domingo de Pascua, dentro de las disposiciones litúrgicas en vigor. La solicitud es justificada con razones teológicas y litúrgicas y afianzada con la convicción personal de la inmediata exigencia de dirigirse en aquellos tiempos difíciles a la Divina Misericordia dentro de las enseñanzas eclesiásticas y de hacer conocer su obra.  Sin embargo, los obispos seguían considerando que la introducción de una fiesta separada restringiría de lleno la idea de la Misericordia de la cual hablaba toda la liturgia todos los domingos y días festivos. Ellos reconocían la dedicación y a perseverancia con la cual el padre  Sopoćko divulgaba la idea de la Divina Misericordia pero se reservaban la decisión sobre la institución de la fiesta.

Tal como podemos constatar el padre Michał  Sopoćko se dedicó a la causa de la Divina Misericordia hasta el fin de sus días.  En el extraño destino de la Providencia Misericordiosa, el mayor y más ferviente apoyo de Sor Faustina, apóstol de la Divina Misericordia se nos estaba yendo de este mundo sin haber logrado vivenciar el objetivo de su vida dentro del objetivo de su vida:  la aprobación oficial del culto a la Divina Misericordia y una fiesta para Su veneración. Los esfuerzos, la dedicación, el sufrimiento del padre Sopoćko fueron sin embargo de algún modo una auténtica semilla cuyo fruto el no pudo recoger personalmente. Al padre Sopoćko murió  como una semilla que se deja caer sobre la tierra trabajando por la causa de la Divina Misericordia y de hecho solo dentro de un par de años después de su muerte,  esta semilla dio el fruto deseado.  En 1978 fue presentado el recurso para la sentencia ante la Congregación y bien pronto se instituiría la Fiesta de la Divina Misericordia el 2do Domingo de Pascua, en todas las diócesis.   Después de algunos años de la muerte del Apóstol de la Divina Misericordia la devoción a la Misericordia fue adoptada en todo el mundo.
(traducido de Il camino di santitá di Don Michele Sopocko de D. Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008 - original publicado en Cracovia en 2002 por Wydawnictzo WAM


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sábado, 29 de abril de 2017

Breve historia del inicio de la devoción a la Divina Misericordia (3 de 4)


Después del viaje del Primado Wyszyński a Roma el padre Sopoćko confiaba que la Santa Sede pronto aprobaría el culto. Por otro lado, no obstante, le preocupaban las voces que llegaban de Roma acerca de las dificultades y las reservas por lo que se refería a las formas de su difusión y que el culto estuviese siempre ligado a las visiones no aprobadas de Sor Faustina. Dichos temores no eran vanos pues el 6 de marzo de 1959 fue publicada la notificación de la Congregación del Santo Oficio que anunciaba que era necesario interrumpir la difusión de las imágenes y de los escritos que representaba a la Divina Misericordia en la forma presentada por Sor Faustina y se solicitaba la intervención decidida de los obispos para emitir la orden de sacar de circulación las imagines antes mencionadas que ya se encontraban expuestas para el culto.  No obstante la Congregación no prohibia venerar a Dios en Su Misericordia ni difundir el culto, independientemente de las visiones de Sor Faustina.
Paralelamente a la notificación,  la Congregación del Santo Oficio emitió un decreto especial.  Todo ello fue transmitido al Primado Wyszyński con la recomendación de hacerlo extensivo a los obispos ordinarios.    Entre las prohibiciones del Decreto se incluía la advertencia dirigida al padre Sopoćko que interrumpiera la propagación de las visiones de Sor Faustina y las devociones propuestas.

El padre Sopoćko recibió la sentencia de la Congregación con tranquilidad pues de alguna manera ya se esperaba tal decisión.  Se alegró, sin embargo, porque lo sentenciado comprobaba lo que ya había predicho Sor Faustina previendo adversidades y dificultades para la difusión del culto además de enfrentarse a la posibilidad de una derrota por la obra a ella encomendada. El aceptó humildemente las amonestaciones que le estaban dirigidas si bien estaba convencido que todo se debía a  incomprensiones e informaciones erróneas.  Además,   estaba dispuesto a soportar amonestaciones aun más severas para que la ciencia de la Misericordia Divina pudiese ser divulgada. Por cuanto se refería al futuro del culto estaba convencido que – basado exclusivamente en las Sagradas Escrituras, tradiciones y liturgia y desaparecidas las exigencias del decreto debidas al factor humano -  no solo seria doblado sino reforzado y profundizado.

Obedeciendo a las prohibiciones de la Congregación las visiones de Sor Faustina dejaron de mencionarse en las publicaciones y tampoco se hacía referencia a sus expresiones. Se actuó con mucha prudencia para que no dejar lugar a sospecha alguna que no se acogían a las prohibiciones y al mismo tiempo para no desistir de  la causa del culto de la Misericordia. Pero, por otra parte, Sopoćko no se sentía privado de la posibilidad de seguir buscando la aprobación.  En 1959 se publicó en Londres el primer volumen de su obra Misericordia Divina en Sus obras, y en 1962 en Paris los dos tomos siguientes. En 1961 fueron publicados dos libros de oraciones: Veneramos a Dios en su Misericordia y la Novena y otras oraciones a la Divina Misericordia. En 1967 se publico el tratado latino titulado: Domine, miserer nobis! De Christo Salvatore Miserentissimo adorando et de sua misericordia generi humano imploranda.  Con este trabajo el padre Sopoćko esperaba que fuese aprobada la fiesta de la Divina Misericordia e intentaba distribuirlo a los padres del Concilio, además de presentarselo al Papa.  El mismo año 1967 salió un cuarto volumen: Divina Misericordia en Sus obras.  Con este volumen se perseguía el objetivo de demostrar la exigencia de venerar a Dios en Su Misericordia, para representar la idea de la Divina Misericordia contenida en la liturgia de la Iglesia y de justificar la necesidad de la fiesta. El padre  Sopoćko, también en este caso, esperaba que con este trabajo en latín se contribuiría a la aprobación de la fiesta de la Divina Misericordia.   

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 (traducido de Il camino di santitá di Don Michele Sopocko de D. Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008 - original publicado en Cracovia en 2002 por Wydawnictzo WAM

martes, 25 de abril de 2017

Breve historia del inicio de la devoción a la Divina Misericordia (2 de 4)



A pesar de que el padre Sopoćko se empeñara tanto en la difusión del culto en su patria, su acción se vio  muy limitada dentro de su propia arquidiócesis de Białystok. El arzobispo Romuld Jałbrzykowski mantenía su posición prudente y moderada,  ya demostrada en Vilnius,  en cuanto al culto a la Divina Misericordia sobre todo en las formas privadas derivadas de las visiones de sor Faustina. Además en 1949 la Curia Metropolitana de Białystok publico una disposición dirigida a los párrocos prohibiendo la difusión en el territorio de la arquidiócesis de folletos, impresos o cualquier otro tipo de publicación acerca de la Divina Misericordia cuya autoría pertenecía al padre. La causa de esta prohibición, según aquel documento, era que la Iglesia no se había pronunciado en cuanto a las visiones de sor Faustina.

El arzobispo  Jałbrzykowski sostenía que el padre Sopoćko difundia el culto basado en visiones no verificadas y aprobadas, algo que efectivamente no debía hacerse.
No obstante esta falta de aceptación por parte de su Ordinario, el padre  Sopoćko trato de llegar y conquistar a otros obispos, sobre todo a los máximos dignatarios de la Iglesia en Polonia. Después de la muerte del Primado Hlond busco el apoyo de su sucesor, el primado Stefan, Cardinal Wyszyński y depositó en sus manos las peticiones acerca del culto.  Ante todo le interesaba que se instituyera la fiesta de la Divina Misericordia y se obtuviera la aprobación eclesiástica del culto.  Por lo tanto le presentó al Cardenal Wyszyński  no solo sus textos sino también toda la información en cuanto al culto, su esencia y desarrollo, las motivaciones para su introducción y las bases para que las autoridades de la Iglesia pudiesen aprobarla. Solicitó  también que le permitiera presentar personalmente la causa del culto a las Comisiones competentes del Episcopado.  Cuando aparecieron las incomprensiones y en consecuencia las prohibiciones del culto, sea por parte de teólogos como de algunos ordinarios, trato de explicar, y solicito tratar personalmente, estos problemas al foro del Episcopado para poder aclarar e informar de modo más completo y poder así superar los obstáculos.


En 1951 se dirigió al padre Primado con una consulta en la cual solicitaba unir el culto de la Divina Misericordia con actos de caridad. En 1956 presentó  una solicitud para la intercesión de la Capital Apostólica de la aprobación de la celebración de la Divina Misericordia el Domingo de Pascua y se dedicó a recoger entre los fieles peticiones para la introducción e esta fiesta. Estas peticiones, con la firma de numerosos fieles, fueron llevadas a Roma por el Primado Stefan Wyszyński en 1957. 

(traducido de Il camino di santitá di Don Michele Sopocko de D. Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008 - original publicado en Cracovia en 2002 por Wydawnictzo WAM)

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sábado, 22 de abril de 2017

Breve historia del inicio de la devoción a la Divina Misericordia (1 de 4)


El padre Michał Sopoćko pudo comprobar durante su permanencia en Byałistok (en tiempos de la guerra)  que la devoción a la Divina Misericordia ya se había extendido  como devoción privada y espontanea de los fieles,  aún sin contar con una confirmación de la Iglesia; si bien el Primado, Cardenal August Hlond, favorecía la causa. La prudencia entonces sugería no avanzar demasiado rápido sin una firme y autentica seguridad sobre la necesidad y los frutos de la devoción y sin una solida preparación de las bases teológicas para el culto.

En 1947 el Cardenal Primado publicó el tratado  del padre Sopocko sobre la Divina Misericordia De Misericordia Dei deque eiusdem festo instituendo, escrito durante la guerra en Vilnius. El mismo año el Episcopado polaco presentó ante la  Sede Apostólica en Roma una solicitud por la aprobación del culto. Aquel gesto animó al padre Sopoćko  en su vivo intento por defender la devoción,  estimulándolo en su acción. La difusión de la devoción  habría constituido también un importante apoyo en la petición presentada ante la Santa Sede.

En 1947 fue publicado otro trabajo del padre Sopoćko “Oh, fiesta del Misericordioso Salvador”. Con la ayuda de las hermanas de la Congregación Madre de Dios de la Misericordia  trató de difundir entre los fieles las oraciones a la Divina Misericordia. También le solicitó apoyo a sus penitentes, sus hijas espirituales en Vilnius, Jadwiga Osínska e Izabela Naborowska quienes,  ya durante la guerra,  habían expresado su voluntad de abrazar la vida religiosa, manifestadolo primero en privado y luego concretado,  una vez que las religiosas lograron recomprar algunas de sus propiedades en Mysliborz. Fue allí  donde iniciaron la vida en comunidad de la orden y  la fundación de la Congregación de las Siervas de la Misericordia Divina, manteniendo estrecho contacto con el padre Michal y comprometidas por la obra encarada ya iniciada con él en Vilnius.

A partir del otoño de 1947 el padre Sopoćko mantuvo contactos con Julian Chroscienchowski que vivía emigrado en Londres y que ya se había comprometido desde los tiempos de la guerra en la acción apostólica de la Divina Misericordia, desarrollada por la Congregación Mariana en América y en Occidente.  Chróściechowski mismo se unió mas tarde a la Congregación de los sacerdotes marianos, fortaleciendo así la propagación  de la devoción de la Divina Misericordia. Fue gracias a él, y con su participación, que fueron publicadas las traducciones en lenguas extranjeras de los trabajaos del padre Sopoćko  y luego distribuidas en Occidente.

Ya antes del año 1950, año del jubileo, Sopoćko trato de estimular a obispos y confesores para la celebración particularmente solemne de la veneración a la Divina Misericordia. A tal fin aparecieron en 1949 otros escritos suyos. Conozcamos a Dios en Su Misericordia,  Reflexiones sobre la Misericordia Divina a la luz de las letanías y Hora santa y novena por la Misericordia divina por el mundo.  Además el mismo se embarca en una recorrida por  todas las diócesis para hablar  sobre la Divina Misericordia  y impulsar su devoción.

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(traducido de Il camino di santitá di Don Michele Sopocko de D. Henryk Ciereszko, Librería Editrice Vaticana, 2008 - original publicado en Cracovia en 2002 por Wydawnictwo WAM

viernes, 28 de junio de 2013

El camino de santidad de Don Michele Sopocko



Nadie mejor que Don Giuseppe Bart para escribir la introducción a la pequeña biografía de Sopocko, EL CAMINO DE SANTIDAD DE DON MICHELE SOPOCKO, padre espiritual y confesor de Santa Faustina, escrito por D. Henryk Ciereszko. Bart es Rector de la Iglesia del Espíritu Santo en Sassia (a unos pocos cientos de metros de la Basílica de San Pedro), el Santuario de la Divina Misericordia en Roma y sede del Centro de Espiritualidad de la Divina Misericordia. Don Bart es un incansable promotor de la Divina Misericordia, al verlo y escucharlo es tal la fuerza de emana que es imposible salir del Santuario sin haber sido ”tocado” por su entusiasmo para luego reflexionarlo más a fondo.

Traduzco el prefacio del libro publicado por Librería Editrice Vaticana en el 2008 (Ya había sido publicado en Polonia por WydawnictvoWAM en 2002). Así escribe Don Bart:

“Me pongo a a escribir este “prefacio” al libro sobre la vida de don Sopocko, en un espíritu de gran humildad, ya sea recordando el consejo el le diera a Santa Faustina “sin humildad no podemos agradar a Dios (D 270, 11X33) o porque no hay palabras que puedan sintetizar debidamente la cima alcanzada por don Sopocki en su vida sacerdotal entre un siglo y otro.

Agregado a su intensa vida sacerdotal, repartida entre miles de tareas, entre ellas: profesor de teología en el seminario, escritor de textos teológicos y científicos (también un catecismo en lengua rusa), capellán militar, promotor de la construcción de iglesias, fundador de la liga antialcohólica, defensor de débiles y oprimidos particularmente durante la II guerra mundial (salvo a muchos hebreos) , co fundador de la Congregación de las hermanas de Jesús Misericordioso en 1941, padre espiritual y confesor de seminaristas y de las religiosas de la Congregación de la Beata Virgen Maria de la Misericordia (a la cual pertenecía sor Faustina), el mayor mérito que se le puede atribuir a él es el de la difusión en el mundo y en la Iglesia del culto a la Divina Misericordia.

En la vida de Don Sopocko su encuentro en 1933 con sor Faustina Kowalska fue determinante. El se convierte en su confesor y padre espiritual. Este encuentro de hecho le permite “redescubrir” la Divina Misericordia.

Don Sopocko, después de Santa Faustina, debe representar un motivo más para el redescubrimiento por parte de los sacerdotes de la devoción a la Divina Misericordia para que nosotros lo celebremos, prediquemos e invoquemos. Esta luminosa actividad de Don Sopocko, en la propagación de la Divina Misericordia cobro aún una mayor fuerza y actualidad después de la consagración al Mundo a la Divina Misericordia por parte del Beato Juan Pablo II.



Personalmente me he dado cuenta cuan verdaderas son las palabras que don Sopocko escribe en 1938 en su diario: “hay verdades que se conocen, y a menudo no se oye hablar de ellas aunque se comprenden. Asì ocurrió conmigo en cuanto a la Misericordia de Dios, tantas veces recordaba esta verdad durante las predicaciones, la repetía en las oraciones en la iglesia – sobre todo en los salmos – pero no lograba comprender enteramente su significado, profundizar en el conocimiento de su contenido…..fue solo algunos años después que comprendí el gran valor de esta obra, la inmensidad de esta idea…..”

Don Sopocko, estimulado por Sor Faustina, profundizo el conocimiento de la Divina Misericordia comprendiendo que ella constituye el máximo atributo divino hacia los hombres.

El encuentro con un santo es un don de Dios y constituye un hecho inolvidable para un cristiano, pero en el encuentro y el dialogo entre dos santos (también la vida de Don Sopocko aunque no haya alcanzado aun el honor a los altares, representa la máxima expresión de santidad) se enciende la chispa divina que transforma el encuentro en una verdadera revolución de la vida espiritual, inicia y propaga el soplo del Espíritu Santo que aporta una nueva ola de frescura a la Iglesia (lo mismo ocurrió con San Francisco y Santa Clara,, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Avila).

Santa Faustina en su primer encuentro con Don Sopocko sintió repentinamente en su alma estas palabras: “He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra. “ (D, 263) Y así ocurrió, de hecho Don Sopocko se empeño con todas sus fuerzas, hasta el fin de su vida, por la difusión en la Iglesia del culto y de la imagen de Jesus Misericordioso, atravesando infinidad de dificultades y obstáculos, por lo tanto se lo puede considerar, junto a Santa Faustina, como el co-realizador del culto a la Divina Misericordia; aunque lamentablemente, tal como le ocurriera a Moisés sobre el monte Nebo que no pudo llegar a ver el país de Caná dado por Dios a los Israelitas, así Don Sopocko tampoco pudo ver definitivamente aprobado el culto a la Divina Misericordia puesla muerte lo sorprendió el 15 de febrero de 1975, el día que se recuerda a Santa Faustina, patrona de la ahora Sor Faustina Kowalska.

Fue recién con la notificación del 30 de junio de 1978 (tan soloa unos pocos meses de la elección de Juan Pablo II a la Sede de Pedro) que la Santa Sede revocó la prohibición estipulada en la notificación precedente de 1959, por cuanto ya no existía ningún impedimento a la difusión de la devoción a la Misericordia Divina.


 
Espero que esta historia de la vida de Don Sopocko verdaderamente sintética, pueda ser seguida en breve por una publicación completa de sus obras, después de su nombramiento a Beato del Siervo de Dios Sopocko.(*)

(*) la beatificación de Michele Sopocko tuvo lugar el 28 de septiembre del 2008 en el Santuario de la Divina Misericordia en Bialystok..

martes, 4 de junio de 2013

Beato Miguel Sopocko, confesor de Santa Faustina y corealizador de su misión – El "testamento" de Santa Faustina (4 de 4)




El padre Sopocko recordaba el último encuentro, el del del adiós con la religiosa un mes antes de su muerte y los deseos e indicaciones que ella le dejó. La religiosa le revelo tres grandes cosas. Él lo anoto de esta manera.


1. «No debes interrumpir la difusión del culto a la Divina Misericordia y sobretodo tendrás que insistir en la institución de la fiesta, que deberá ser el primer domingo después de Pascua. Nunca habrás de pensar que has hecho suficiente, ni siquiera ante las dificultades más grandes, aun si pudiera parecerte que no le agradase al mismo Dios, no deberás abandonar jamás. Aunque la decisión de la Iglesia en este sentido fuese negativa, no deberás ceder. Tampoco si te faltase fuerza física o moral no debes renunciar.

2. La infinidad de la Divina Misericordia no tiene límites. Y no alcanza nuestra vida para celebrarla. El mundo no existirá por mucho tiempo y Dios quiere concederle la Gracia a todos antes del fin para que durante el Juicio nadie pueda negar haber conocido la bondad divina y no haber escuchado hablar de Su Misericordia. No será por lo tanto importante para la Congregación que comience a dedicarse a cosas pequeñas y banales y las iniciativas que procedan de otros….. Dios mismo mandará una persona del mundo, que portará signos ciertos para poder reconocerlo.

3. Tener siempre buenas intenciones en toda la misión y las actividades. No buscarse a si mismo, sino solamente la gloria Divina y la salvación del prójimo. Cuando quieras decir algo piensa si es para la gloria de Dios; de lo contrario es mejor guardar silencio. No exponerse a primeros puestos. Si debe nacer una congregación, es mejor dejarle el gobierno a otros. Estar preparado para las dificultades más grandes, el abandono, decepciones, ingratitudes y persecuciones, aunque fuese de fracaso en fracaso, amargura, tristeza y abandono de todos. Cuando me dirija a Dios en la oración y no encuentre consolación sino solo vacio en el alma y el silencio asi hasta la muerte. Y bien! Entonces tener en lo más profundo del alma a Dios y consolarse. (…) Sentía que esta nuestra conversación era la última en esta vida, ella de hecho me pide le conceda la bendición Divina. A mi pedido me auguró todas las gracias de Dios y me saludó prometiéndome sus oraciones aquí y después de su muerte. (…)Sentí gran dolor en el alma y una profunda tristeza al tener que decirle adiós a una creatura tan excepcional y que ahora que ella me faltaría estaré abandonado de todos. Pero comprendí que era yo quien debía, antes que nada, confiar en la Divina Misericordia. Dios olvidaría todo aquello que había pasado. Dios me perdonaría todas las infidelidades porque es bueno. Por eso debía sacudirme de toda cobardía y tener confianza en El, confiar y solamente confiar »

Estas palabras de la carta transmitidas por el padre Sopocko, fueron una especie de testamento de Sor Faustina. Expresaban aquello que ya había sido cumplido durante su vida y con su obra de difusión de la verdad y de la veneración a la Divina Misericordia, y también el gozo que la embargaba. Indicaban además que quedaba mucho por hacer, que era Dios mismo que guiaba la obra y la realizaba, pero faltaba el esfuerzo humano y unido a éste inseparable el inherente sufrimiento. Estas palabras fueron dirigidas al padre Sopocko porque en nadie, a excepción de él, se veía un continuador tan diligente y fiel de la misión del apostolado de la Divina Misericordia en el mundo.

(traducido de Il camino di santitá di don Michele Sopocko, escrito por D. Henryk Ciereszko) 



martes, 4 de septiembre de 2012

Beato Miguel Sopocko, confesor de Santa Faustina y corealizador de su misión (3 de 4)



Todo ese trabajo suyo en aquel tiempo,  fue tan solo el inicio de una gran obra de difusión de la devoción a la Divina Misericordia.  En aquel momento no contaba,  sin embargo,  con una respuesta adecuada en la religiosidad de los fieles como tampoco  de consenso por parte de las autoridades eclesiásticas por más que el,  por su parte,  dedicase todo el esfuerzo y su compromiso personal.  Solo Sor Faustina apreciaba ese esfuerzo y ya entonces lo llamaba Apóstol de la Divina Misericordia.  Le fue concedido sin embargo, tal como sor Faustina escribió en su Diario, que recibiera de Dios iluminación y ayuda y supiera que a Dios le agradaba su compromiso.  Ella veía en él el  corealizador de la misión que le fuera encomendada a ella y quien continuaría aquella obra.   En una de aquellas cartas ella le escribe desde Cracovia:

«…ya se ha hecho mucho al respecto. Cuando medito sobre ello, me maravillo enormemente que usted Padre ya haya podido realizar tantas cosas que al principio parecían imposibles debido a las crecientes dificultades. Espero que lo que falta no lo lleve a cabo ninguna otra persona, sino usted, Padre» (de la carta de Santa Faustina al Padre Sopocko del 20/121936 – original en poder en el Archivo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia)

La hermana esperaba del Padre Sopocko alguna expresión externa en cuanto al apostolado de la Divina Misericordia;  ella por su parte lo apoyaba con sus oraciones y sacrificios. En otra carta le escribe:
«Siguiendo su sugerencia, toda mi alma mira hacia esa celebración y para ayudarle en esta gran obra de Dios con la oración y el ofrecimiento de mi persona, suplicare la bendición de Dios para usted, querido Padre» (carta de sor Faustina al Padre Sopocko del 6/5/1937 – original custodia por la congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia)     

Tal como surge de las notas nace entre ellos una estrecha colaboración.  La hermana participa más espiritualmente, mientras que el padre, apoyado en sus oraciones, lleva la obra del apostolado por el mundo, fuera de los muros del convento.

Sor Faustina partió pronto al encuentro de Dios (murió en 1938). El padre Sopocko heredó la gran y difícil misión de continuar la obra que habían comenzado juntos. En la última carta dirigida al padre, un par de meses antes de morir la hermana le escribe:

«Siento curiosidad por saber cómo se encuentra usted estimado Padre? Como esta, su salud ha mejorado? Le he pedido a Dios la gracia que le conceda una larga vida y buena salud porque hay una enorme necesidad de su trabajo. Oh Padre, que feliz me siento que la Divina Misericordia es, o será ya festejada a pesar de las adversidades o la envidia humana, y que no obstante la rabia y el odio de Satanás esta obra de Dios no sufra ningún daño. El Señor, me permite conocer su gloria que surge de esta obra y esto es tan solo el comienzo, mi corazón se maravilla ante su revelación (…)  Sin embargo y no obstante el hecho que el mismo Dios guía esta obra, nosotros debemos a su vez hacer todo lo que está a nuestro alcance para llevarla adelante aun en el caso que nuestros esfuerzos parezcan inútiles; aun así se construye la obra Divina»    
(carta de Sor Faustina al Padre Sopocko del 26/6/1938 – original custodiado en el Archivo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia)

(traducido de Il camino di santitá di don Michele Sopocko, escrito por D. Henryk Ciereszko) 

domingo, 19 de agosto de 2012

Beato Miguel Sopocko, confesor de Santa Faustina y corealizador de su misión (2 de 4)




“Si recordamos la otra cara del apostolado, oculta a la percepción externa, que conlleva el sufrimiento personal del padre Sopocko quien después de las contradicciones relativas al tema, - se recuerdan la incomprensión, desconfianza, el ridiculizar de sus acciones, y la acusación de albergar ambiciones personales – su increíble rol y meritos por la difusión del culto y al mismo tiempo la grandeza, como apóstol de la divina Misericordia, se convierten en inviolables.
De su encuentro con Sor Faustina el padre Sopocko escribía: «Conoci a sor Faustina en 1933 quien pronto me dice que me conoce desde hace tiempo y que habría de convertirme en su guía y revelar al mundo la Misericordia de Dios» (Diario, cuad. 2.p. 50)
Y Sor Faustina escribía: «Llegó la semana de la confesión y con alegría vi a aquel sacerdote al que había conocido antes de venir a Vilna.  Lo había conocido en una visión.  En ese momento, oí en el alma estas palabras:  He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra.»
El encuentro con Sor Faustina y el redescubrimiento de la nueva verdad sobre la Divina Misericordia confirieron una nueva dimensión al modo de vivir la vida,  la vida espiritual, el sacerdocio y el apostolado del padre Sopocko. En 1938 el escribe asi en su Diario: “Hay verdades que se conocen y de las que se oye y habla mucho, pero no se las comprende. Así fue conmigo en cuanto a la verdad de la Misericordia Divina. Tantas veces he mencionado esa verdad en homilías,  pensado en ella durante los retiros,  repetido en las oraciones eclesiásticas, particularmente en los salmos, pero no entendía el significado de esa verdad, no me he adentrado en su contenido, que es el mayor atributo de la externa actividad de Dios.  Hacía falta una simple monja, Sor Faustina, de la Congregación de la Madre de Dios de Misericordia (las Magdalenas), que, llevada por la intuición, me habló de ella brevemente, y lo repitió muchas veces, impulsándome a examinar, estudiar y pensar en esa verdad a menudo. No puedo repetir aquí, sino solo sintetizar, los detalles de nuestros coloquios, pero diré que al principio no sabía muy bien de que se trataba, escuchaba, desconfiaba, meditaba, examinaba, pedía consejo a otros, sólo al cabo de unos años entendí la trascendencia de esa obra, la grandeza de la idea, y yo mismo me convencí de la eficacia de ese gran, vivificador culto, que en realidad antiguo, pero descuidado, exige en nuestros tiempos una renovación. (...) El confiar en la Misericordia Divina, difundir el culto de esa misericordia entre otros, sacrificarle sin límite todos mis pensamientos, palabras y actos sin la menor sombra de buscar a mí mismo, será la regla general del resto de mi vida, con la ayuda de esta infinita misericordia.(Diario, cuad. 2, p.50,54)
Y efectivamente fue asi, asi fue como ocurrió hasta el fin de su vida. Ya antes de la guerra en 1934, el padre Sopocko hizo pintar un cuadro del Salvador Misericordioso y luego lo hizo colocar en la Iglesia de San Miguel en Vilno. Publico algunos escritos sobre la Divina Misericordia y acerca de la necesidad de festejar la Misericordia, publico tan bien las oraciones por la Divina Misericordia. Todo lo hizo acordando con su Obispo, si bien no encontr5o en el plena comprensión ni el apoyo que hubiese necesitado. Presento su escrito en defensa de la fiesta de la misericordia a los obispos y con el mismo propósito se dirigió a Roma.”

(traducido de Il camino di santitá di don Michele Sopocko, escrito por D. Henryk Ciereszko) 

viernes, 17 de agosto de 2012

Beato Miguel Sopocko, confesor de Santa Faustina y corealizador de su misión (1 de 4)



En 1933,  en su calidad de confesor de las hermanas (unas decenas de años lo fue para con varias órdenes en Vilno,) el padre Sopocko conoció a Sor Faustina Kowalska: providencialmente elegido y preparado para ser su confesor y guía espiritual, tarea en la cual se sintió muy a gusto.  La misma hermana da testimonio de ello en su Diario y en las cartas que le escribiera. El padre Sopocko era su guía en el camino a la perfección, y probó ser una ayuda insustituible en el reconocimiento de las experiencias interiores y revelaciones.   Es por su iniciativa que nace el Diario de Sor Faustina. La hermana veía en un corealizador y continuador de la misión confiada en las revelaciones: propagar el culto a la Divina Misericordia.

Es natural preguntarnos: de donde la ayuda al padre Sopocko para cumplir ese rol y realizarlo?   Se  basa tan solo en su formación teológica, se debe a  su don de guía espiritual? Indudablemente poseía ambos. No le faltaba ni resolución ni sagacidad, pero encontrarse con una penitente tan excepcional, con una persona que gozaba de experiencias místicas, y establecer con ella un diálogo pleno de comprensión demandaba hallar el fundamento de sus profundas relaciones con Dios y  las virtudes tan plenamente desarrolladas.  En la mente del padre Sopocko debe producirse un proceso de encuentro personal con el misterio de Dios Misericordioso para descubrir así la Divina Misericordia, percibir la bendición de esta Misericordia, de su poder, de la verdad sobre la indispensabilidad de dirigirse a ella en la vida religiosa del cristiano.   Como puede sino explicarse este celo, esta dedicación a su servicio?  En su gran fervor apostólico, en su auténtica vida de fe,  ahondando en el saber teológico y en el continuo crecimiento en la sensibilidad del cuidado de las almas,  el finalmente se convierte en apóstol de la Divina Misericordia. La persona de Sor Faustina y sus revelaciones fueron inspiradoras y lo estimularon a un esfuerzo personal tenaz en el trabajo teológico espiritual sobre el misterio de la Divina Misericordia. El se abrió a la vocación, al apostolado de la Misericordia, orientado a el también con la intermediación de Sor Faustina,  se convence también de la gran verdad revelada por Dios en la Biblia, descubriendo el gran beneficio de la enseñanza del cuidado de las almas sobre la Misericordia Divina y asimismo las bondades de su culto.  Encontramos de esta manera la fuente  de su empeño en la obra de Misericordia.  Al aceptar su rol no se deja guiar tan solo por la insistencia de Sor Faustina sino también por los motivos citados;  no fueron las revelaciones de la hermana y su contenido el objeto de las enseñanzas del padre Sopocko,  sino la verdad revelada y transmitida por la Iglesia.  Estas establecieron un criterio para constatar las revelaciones de la hermana.
El trabajo que el padre Sopocko realizó para difundir la idea y el culto a la Misericordia Divina alcanzaron una dimensión excepcional. La investigación científica, las publicaciones, las intervenciones ante las autoridades eclesiásticas, las enseñanzas. También el Diario de la hermana nació debido a su sugerencia. Parece que en toda la historia del empeño en lograr la aprobación del culto a la Divina Misericordia, nadie se dedicó tanto a la obra como el padre Sopocko.

(traducido de Il camino di santitá di don Michele Sopocko, escrito por D. Henryk Ciereszko) 
      

lunes, 29 de septiembre de 2008

Beatificación del Siervo de Dios Miguel Sopocko, confesor de santa Faustina

Por medio de esta imagen estaré concediendo muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella” (Diario 570).

Ayer 28 de septiembre 2008 se celebraba en el Santuario de la Divina Misericordia en Bialystok, Polonia, la beatificación del Siervo de Dios, p. Miguel Sopocko, confesor de Santa sor Faustina

Miguel Sopocko nació en Nowosady, distrito de Vilna. Entre 1910-1914 estudió teología en la Universidad de Vilna, después en Varsovia, donde se licenció también por el Instituto Superior de Pedagogía. Doctorado en teología moral en 1926, fue director espiritual en el seminario de Vilna y profesor de teología pastoral en la facultad de teología en la Universidad de Stefan Batory en Vilnay y en el Seminario Superior en Bialystok (1928 -1962). Entre 1918-1932 fue capellán castrense en Varsovia y en Vilna, pero fue la propagación del culto a la Misericordia Divina la labor que mas apreciaba y más le absorbía. En 1933 se convirtió en confesor y director espiritual de sor Faustina. Fue por su sugerencia que ella comenzó a escribir en el Diario sus experiencias místicas sobre el misterio de la Divina Misericordia. El mismo dice en sus Memorias “Conocí a sor Faustina en verano (en julio o agosto de 1933), como penitente en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia Divina en Vilna, Lituania (calle Senatorska 25), donde por entonces fui un simple confesor. Llamó mi atención su conciencia sutil y su unión muy profunda con Dios…. Ya al principio me dijo que me conocía de alguna revelación, que yo iba a ser el director de su conciencia, y que tendría que realizar algunos planes de Dios que ella iba a revelarme”

En junio de 1936 el padre Sopocko publicó su primer folleto titulado “Misericordia Divina” con la imagen de Cristo Misericordioso en la portada, sin mucho éxito, pero al año siguiente en 1937 el segundo folleto titulado “Misericordia Divina en la liturgia” ya fue objeto de comentarios positivos en varias revistas teológicas. La devoción a la Divina Misericordia cobro mayor fuerza en Polonia durante la segunda guerra mundial.

No obstante serian muchas las penurias, incomprensiones y dificultades a las que seria sometido el padre Sopocko, inclusive por parte de las autoridades eclesiásticas debido a malas y confusas traducciones del diario de Sor Faustina, hasta que en 1959 llego a prohibirse la devoción en las formas propuestas por ella. Pero todas las dificultades no lograron desanimar al padre Sopocko y así escribía sor Faustina en su Diario “Oh Jesús mío, Tú ves cuánta gratitud tengo para el padre Sopocko que ha hecho avanzar mucho Tu obra. Esta alma tan humilde supo resistir todas las tormentas y no se desanimó por las contrariedades, sino que ha contestado fielmente a la llamada de Dios” (Diario, 1586) El padre Sopocko escribía en el suyo : “Hay verdades que se conoce y que se oye, y que se habla de ellas a menudo, pero no se las comprende…”


En 1965 el Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, que se “había detenido muchas veces ante la tumba de sor Faustina cuando trabajaba como obrero en la fábrica de Solvay, cerca de Lagiewniki” considerando que “todo en ella era extraordinario” encargo al teólogo polaco el padre Fr. Ignacy Rózycki un análisis crítico del Diario, quien al concluirlo expreso «es una mística maravillosa» (¡Levantaos! ¡Vamos!) El análisis fue finalmente enviado para su estudio a la Congregación para la Doctrina de la Fe y las prohibiciones fueron levantadas.


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